El Poder del “No” y las Promesas del “Sí” – Pastor Rodolfo Mendoza

El poder del “no” y las promesas del “sí”

Cuando aprendes a respetar el “no” del Señor te preparas para que te diga “sí” a cuantas promesas le pidas. Las bendiciones te seguirán hasta atraparte si obedeces sus prohibiciones.

Cuando aprendes a respetar el “no” del Señor te preparas para que te diga “sí” a cuantas promesas le pidas. Las bendiciones te seguirán hasta atraparte si obedeces sus prohibiciones.

Recientemente tuve la oportunidad de ministrar a una pareja que enfrentando una prueba financiera se lamentaba de no poder darle a sus hijos todo cuanto deseaban. Esa imposibilidad es una de las más difíciles de afrontar, pero no es posible satisfacerles completamente porque siempre quieren más de lo que podemos darles.  El papá me decía que su hija le pedía ir a comer a Pollo Campero desde hace mucho tiempo y no había podido llevarla. Entonces le dije que el problema no eran sus limitados ingresos, si pudiera llevarla a comer allí, seguramente ella le pediría ir a otro lugar como Tre-Fratelli. Luego, cuando tuviera suficiente para ir alli, le pediría ir a otro lugar más caro. Siempre habrá algo que deseemos que no podemos obtener.

Meditando al respecto con mi esposa, ella sabiamente me dijo: “¿Te has dado cuenta que Dios tampoco  tiene todo lo que desea? Él desea que todos sean salvos, pero no es así”. Siempre llega el momento de privarnos de algo cuando nos encontramos con un “no”. Pensamos que decir “no” es algo negativo, pero decirlo para educar es positivo, de lo contrario Dios no lo haría. Un padre de familia diariamente le dice muchas veces “no” a sus hijos: “no saltes, no te subas a las silla, no comas eso, no te pelees con tu hermano”.

Dios mismo usa el “no” para formarnos. De los diez mandamientos que dio en el Sinaí, nueve prohíben algo.  El primero dice “Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás dioses delante de mí”; el segundo “No te harás imagen o escultura, no te inclinarás a ellas ni les servirás”; El siguiente dice: “No tomarás el nombre de Dios en vano”; y el cuarto “Acuérdate del día de reposo para no hacer trabajo alguno en él”. Después viene el quinto, el del medio, el único que no incluye un “no”: “Honrarás padre y madre para que seas de larga vida y te vaya bien en la tierra”. Los últimos cinco mandamientos son: no matarás, no cometerás adulterio, no hurtarás, no darás falso testimonio y no codiciarás lo ajeno.

Dios pone limitaciones a nuestra vida y quien aprenda a respetarlo vivirá en santidad. Para Él un “no” es una prohibición y así debería ser para nosotros también. Debemos respetar la intensidad y la firmeza de su mandato, de lo contrario corremos riesgos que nos hacen daño. La reacción de cada persona ante el mismo “no” es distinta. Para unos es una prohibición, para otros un desafío; lo prohibido entonces se vuelve tentación. Para éstos últimos, pedirles que no toquen algo es motivarlos. Seguro le picarán las manos por hacerlo porque les gusta jugar jugar con fuego. Por eso se ven letreros en la calle que dicen “no tirar basura” y abajo encuentras un basurero, o frente a uno que dice ”no estacionar aquí” hay un auto bloqueando el paso.

La firmeza del “no” se aprende en casa. Lo que aprendas de niño lo continuarás de grande. Si de pequeño no aprendes a no tocar la muñeca de la vecina, de grande no aguantarás tocar a la vecina que te parece una muñeca. Los padres muchas veces ceden ante el lloriqueo del hijo y de esa forma les enseñan que con lágrimas y gritos pueden cambiar la voluntad. Por eso no me extraña que muchos cristianos lloren y giman cada vez que oran, pues piensan que pueden mover la voluntad de Dios como lo hicieron con sus padres. Pero Dios no responde a los berrinches. Tal vez tu padres fueron alcahuetes, pero cuando Dios dice “no” es no.

El “no” pierde su significado cuando los niños aprenden que pueden negociar y logran lo que quieren si hacen un berrinche o insisten de alguna forma. La madre que debe decirle “no” a su hijo más de diez veces y hasta amenazarlo de muerte para que deje de hacer algo y al final cede ante el capricho del pequeño, esta maleducándolo para la vida y para el Reino de Dios. Por eso dice Proverbios que el muchacho consentido avergonzará a su madre. Tu “no” debe tener credibilidad y ser consistente para criar hombres y mujeres obedientes.

Los motivos del “no”

Si aprendes el poder del “no” te sucederás tres cosas: Primero, vivirás en santidad, pues dejarás de hacer aquello que no agrada a Dios. Segundo, tendrás contentamiento, porque aprenderás a disfrutar lo que sí posees en vez de codiciar lo ajeno, por lo tanto serás agradecido con lo que recibas. Y por último, vivirás en libertad, ya que sólo respetando el “no” de Dios te despojarás de las cadenas del pecado y de la carne.
Dios pide que obedezcamos sus mandamientos. Luego que Moisés los recita de nuevo al pueblo en el capítulo 5 de Deuteronomio, en los siguientes tres capítulos menciona al menos siete motivos para obedecerlos. Personalmente los ordené de esta manera: El primer motivo para obedecer es porque El es nuestro Dios y por lo tanto le debemos sujeción. Este debería ser motivo suficiente para que dijéramos “Tú ordenas y yo obedezco”, pero aún así nos da otros seis. El segundo es que debemos obedecerle por gratitud, pues Él nos salvó de la esclavitud, del pecado y de la muerte. Tercero, porque cumplió el pacto que nos prometió y nos introdujo a la tierra prometida, nos perdonó porque somos sus hijos, nos llenó del Espíritu Santo y nos abrió las puertas del cielo y de Su Presencia. Cuarto, debemos obedecerle para que nos vaya bien, pues así todas las bendiciones prometidas nos seguirán. Quinto, porque si le desobedecemos nos irá mal. Éll dice dice: “Todas estas cosas que viste que le sucedieron a los egipcios te pasarán si no cumplieres mis mandatos”. Sexto, el Señor asegura que si le obedecemos tendremos justicia y paz en nuestra nación. Y por último, debemos obedecer porque El nos constituyó un pueblo santo y somos su especial tesoro. Sigamos sus mandatos porque nos ama.

Si te das cuenta, las razones de Dios son las mismas que le damos a nuestros hijos cuando les pedimos obediencia. Como padres hemos dicho alguna vez: “yo soy tu papá y por eso me vas a hacer caso”, “sigue lo que te digo porque sin mi te irá mal”, “esta es mi casa y mientras vivas aquí cumplirás mis reglas”; “hijo, hazme caso y te irá bien en la vida”, “si no haces caso te va a ir mal, te castigaré”, “Sigue estas instrucciones y todos viviremos en paz”, y por último “Obedéceme porque te amo y quiero lo mejor para ti”.

Los mandatos

En Génesis 2: 15-17 leemos: Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

El Señor pone el árbol del bien y del mal en medio de todos los otros permitidos porque quería que Adán y Eva ejercieran el dominio propio sobre algo a lo que les había dicho “no”. Pero entonces aparece el diablo a provocar con sus mentiras. Le dijo a Eva que si comía de ese árbol prohibido abriría los ojos y sería como Dios. Igual sucede ahora, si coqueteas con una mujer que no es tu esposa, el diablo te dice que todo está bien, que nada malo sucederá. Pone las prohibiciones como cosas sin importancia que sólo te ciegan e incomodan. Intenta persuadirte para que pienses que tus malas acciones no tendrán consecuencias. Entonces te confías y piensas que pecar no es malo porque luego puedes arrepentirte y con pedir perdón a Dios solucionas todo. Hay personas que toman dinero que no es suyo y dicen que luego lo devolverán. Creen que la mentira y la codicia no traerán desgracia pero se equivocan. Cuando eres soltero el diablo te persuade a que tengas relaciones sexuales con tu novia, por el contrario, si eres casado la tentación es negarte a tu cónyuge. Lo que el diablo busca es que violes el “no” de Dios, quiere llevar la contraria a los mandatos de Dios y limitar las bendiciones que puedas recibir.

La gran mayoría de pecados que cometemos no son por ignorancia de la ley de Dios, sino por restarle importancia a la prohibición. Aquellos que no creen en la firmeza del “no” de Dios, tampoco creerán en la firmeza del “sí” que ofrece. El “sí y no” de Dios no son negociables. Su Palabra es como roca sólida. Así que la próxima vez que seas tentado, di “no” con toda seguridad y verás el oportuno socorro del Señor abriéndote una puerta para salir de la tentación.

Las promesas

2da. Corintios 1:20 dice: porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
Los mandatos de Dios dicen “no”, pero sus promesas dicen “si”. Así como dice “no robaras”, también dice que te prosperará. Dios promete un “sí” a quienes respetan Su “no”. Cuando vas delante del Señor y le pides una promesa, Él dice que en Cristo Jesús su respuesta es “sí”. Si le pides que te prospere conforme a Sus riquezas en Cristo Jesús y has respetado en darle Su parte, es seguro que recibirán una respuesta afirmativa. Él quiere que vivas en abundancia con Su bendición y multiplicación cuando aprendas a respetar los límites que te impone.

La Biblia dice que la tentación viene de acuerdo a lo que seas capaz de soportar. Significa que a mayor estatura espiritual, mayor tentación. Aprende a decir “no” frente a las posibilidades de pecar y tendrás cada vez mayor firmeza interior y serás bienaventurado. Por ejemplo, siendo un buen cristiano puedes sentirte atraído por la mujer ajena que es linda y te valora. El diablo es astuto y seguro la pondrá frente a ti justo el día que tengas algún disgusto con tu esposa y estén distanciados. Entonces puedes pensar que no tiene nada de malo que le des un beso a la mujer extraña. Ese gran estafador que te induce al pecado nunca mostrará las consecuencias negativas. Dice la Biblia que Jesús mismo fue tentado, así que no sólo te entiende sino que también es capaz de brindarte el oportuno socorro frente a la tentación. Si le pides ayuda y fortaleza, Él te dará la salida para que huyas del pecado.

Guárdate de la tentación para poder postrarte delante de Él y pedirle que cumpla Sus promesas. Una de ellas puede ser encontrar a la mujer idónea que sea corona para tu cabeza. Cada vez que oras con la confianza de haber respetado Su “no”, ten por seguro que estás tocando la puerta del cielo. Una oración en santidad te lleva a otra dimensión del mundo espiritual donde la bendición de Dios está al alcance de tu mano.
Así que seguramente que la mujer de tu vida aparecerá y estarás convencido de que es un regalo de Dios. El que halla esposa, encuentra el bien y la benevolencia del Señor. Además, te proveerá para casarte con ella sin remordimientos, celos y con el corazón limpio.

Si respetas el “no”, podrás recibir el “sí” en todo cuanto anhelas. La Escritura dice que si oyeras la voz del Señor para poner por obra sus mandatos, todas esas bendiciones te seguirán y te alcanzarán. También dice que serás bendito en todo lo que hagas, en tu entrada y en tu salida, en la ciudad y en el campo, en tu canasta y tu artesa de amasar, será bendito el fruto de tu vientre, de tus bestias, y de tu tierra y tu granero se llenará hasta rebosar. El enemigo que venga contra ti por un camino, huirá por siete diferentes. El Señor te abrirá su gran tesoro, te pondrá por cabeza y no por cola, darás prestado y nunca pedirás porque serás colmado.

Si sabes decir “no” cuando Dios te lo pide, llegarás a las puertas del cielo y podrás recibir Sus promesas. Entrégale tu vida para ser libre y poder aceptar el compromiso de obedecerle. Prométele respetar cuando diga “no” y creer cuando diga “sí” porque en Él eres bendito.

Copyright © Ministerios Cash Luna – http://cashluna.org/

Un pensamiento en “El Poder del “No” y las Promesas del “Sí” – Pastor Rodolfo Mendoza

  1. mary del carmen marquez lugo

    Buenas tarde pastor reciba muchas bendiciones, hoy muy deprimida por mi situacion pido intercepcion en oracion por la restauracion de mi hogar, mi pareja elias eduardo villalba rizo es un mitomano, lo para la gloria de dios siempre descubro su mentira, pero eso ha deteriorado la relacion, la verdad estoy muy desilucionada.
    Yo oro al dios por es liberacion pero siempre es lo mismo, la verad no se que haer con esa situacion, su mamà le refuerza esa conducta.
    Orienteme y ore por el crecimietno espiritual de mi familia
    Que dios los bendiga.

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